Prefacio del papa León XIV: Solo una mente pacífica puede crear una paz justa y duradera.

Papa León XIV: Solo una mente pacífica puede crear una paz justa y duradera Papa León XIV: Solo una mente pacífica puede crear una paz justa y duradera

¡Un nuevo prefacio para «Peace Be with You!»

Este es el nuevo prefacio del papa León XIV en el libro «¡La paz sea con vosotros!», publicado por HarperCollins y que estará a la venta en librerías de Estados Unidos y otros países de habla inglesa a partir del 24 de febrero. Se trata de la versión inglesa de «E pace sia!», publicado por la Editorial Vaticana en agosto de 2025. La paz representa uno de los retos más importantes de nuestra era; es tanto un don divino como un compromiso solemne, otorgado por Dios y cultivado por la humanidad a lo largo de los siglos.

Un mundo que necesita paz

Los seres humanos vivimos en un mundo lleno de conflictos y guerras. Muchos de los grupos más vulnerables sufren bajo el peso de las agendas nacionalistas. En la mayoría de los casos, destruimos nuestras posibilidades de paz incluso antes de derrotar a nuestros oponentes en el campo de batalla. Basta con que nos volvamos egoístas y codiciosos y antepongamos nuestros intereses individuales al bien común.

Muchos autores han escrito sobre cómo negamos la dignidad a una persona porque nos negamos a escuchar su historia. El primer paso hacia cualquier conflicto será el día en que despersonalicemos a alguien. El primer paso hacia una paz duradera es el día en que comprendamos verdaderamente a alguien. La única manera de llegar a comprender a alguien es cuando aprendemos a amar a esa persona. San Agustín dijo: «Nadie puede ser verdaderamente conocido excepto a través de la amistad» (Ochenta y tres preguntas diferentes, página 71).

La doble naturaleza de la paz

Quiero reflexionar sobre la naturaleza dual de la paz: la paz vertical (la paz es un don de Dios) y la paz horizontal (es nuestra responsabilidad colectiva mantener la paz).

La paz como don de Dios

El don de la paz de Dios ha sido concedido a todas las generaciones a través del nacimiento de Jesús en Belén. El anuncio de la paz por parte de los ángeles transmite que Dios viene como hombre en carne y hueso, asumiendo plenamente nuestra humanidad y sustituyendo la enemistad de nuestro pecado por Él mismo en la crucifixión. San Agustín lo expresa elocuentemente cuando escribe: «Nosotros también seremos parte de la gloria de Dios en lo más alto, cuando seamos llevados en las nubes para encontrarnos con Cristo después de que nuestros cuerpos espirituales hayan resucitado de entre los muertos, si durante nuestra vida trabajamos para promover la buena voluntad y la paz» (Sermones, 193).

La gloria de Dios fue traída a la tierra para invitarnos a disfrutar de su bondad inagotable. Por lo tanto, tenemos la responsabilidad de responder a este don divino actuando con «buena voluntad», como afirma San Agustín de Hipona.

La paz de Cristo resucitado

Además, el Resucitado dio a sus discípulos el don de la paz, que había sido «herida» por las aflicciones causadas por la crucifixión. La paz de Jesús proviene de un corazón amoroso que asume voluntariamente el sufrimiento de cada época y lugar. «El Señor se apareció a sus discípulos después de resucitar, los saludó y les dijo: "La paz sea con vosotros". Y esta era la paz, el saludo de la salvación; y, de hecho, la palabra "saludo" tiene como raíz la palabra que significa "salvación"» (San Agustín, Sermones, 116).

La paz comienza con cada uno de nosotros

En cualquier caso, lograr la paz es un compromiso de cada individuo con su capacidad o voluntad de intentar trabajar para conseguirla. Una de las formas más importantes de educar a los niños en la paz es ayudándoles a aprender a tratar a los demás con respeto y a no intimidarse unos a otros mientras juegan juntos.

La paz no consiste solo en superar el orgullo propio, sino en crear un entorno de tolerancia que deje espacio para los demás; por lo tanto, la paz debe comenzar con cada uno de nosotros creando entornos seguros para nosotros mismos en casa, en el trabajo y en nuestras actividades deportivas.

Un corazón de paz y atención a Dios

Por lo tanto, si no hay paz en nuestros corazones y no llevamos una vida de silencio, meditación y atención a Dios, entonces le estamos fallando, porque la paz no es sostenida por Dios, ni los dones que Él nos ha dado pueden sernos quitados de otra manera que no sea abusando de otras personas o degradando imprudentemente esta única Tierra que se nos ha dado para nuestro uso y creación.

Afrontar la globalización de la impotencia

Hoy en día hay muchos conflictos en el mundo, y las personas pueden sentirse impotentes para abordarlos. Hay muchas maneras de afrontar lo que yo llamo la«globalización de la impotencia». Una opción es que las personas creyentes expresen sus preocupaciones a través de la oración. Esta fuerza desarmada solo busca promover el bien común sin exclusiones. Al orar, dejamos de lado nuestro ego y nos permitimos dar de manera generosa y auténtica.

Construir una cultura de reconciliación

Además, el corazón es el lugar supremo del compromiso. Es aquí donde podemos lograr una victoria formal significativa sobre nuestras inclinaciones hacia la muerte violenta y nuestro afán de dominación; solo aquellas personas que tienen un corazón pacífico serán capaces de construir un mundo pacífico.

Necesitamos desarrollar una cultura de reconciliación mediante la creación de talleres no violentos, donde podamos transformar la desconfianza hacia los demás en interacciones positivas. Esta es la fuente de la paz, y aquí es donde debemos trabajar juntos en lugar de luchar unos contra otros, para construir la confianza; en lugar de sospechar unos de otros; en lugar de aislarnos unos de otros, debemos tener relaciones positivas entre nosotros, desarrollando el respeto mutuo a través de la escucha y la comprensión.

Diálogo, diplomacia y oración por la paz

Por último, al cumplir con el papel de liderazgo político y cooperación global, debemos fomentar la resolución de conflictos a través del diálogo y la diplomacia. Como dijo Agustín: «Oh Señor Dios, danos tu paz... la paz del descanso, la paz del sábado sin atardecer».

Recurramos al Padre en oración para que nos conceda una paz justa y duradera para nuestro mundo y todos sus pueblos, especialmente aquellos que han sido abandonados y sufren más.